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Se trata de una decisión incomprensible únicamente para los que desconocen el fanatismo "pincharrata" que gobernó sus algo más de tres décadas corridas al lado de una pelota de fútbol.

Estudiantes el club de su vida


OPINION

Por MARTIN MENDINUETA

Sin pelo en la cabeza (por decisión propia), un arito brillante en cada oreja, con sonrisa perlada, apta para publicidad de dentífrico, y tomando con absoluta tranquilidad la locura desatada a partir de la llamativa decisión de regresar al primer capítulo de su mágica historia, la "Brujita" alteró el pulso de la aburrida previa mundialista.

Se trata de una decisión incomprensible únicamente para los que desconocen el fanatismo "pincharrata" que gobernó sus algo más de tres décadas corridas al lado de una pelota de fútbol.

La noticia no es menor: El hincha de Estudiantes de La Plata más famoso del planeta, y que mejor juega a este deporte, hizo lo que casi nadie pensaba que podía hacer. Decidió, para muchos poderosos de Europa caprichosamente, pegar la vuelta al pago "chico".

"Pero, ¿vos sos tonto? Te llamó Butragueño, el "Buitre" que maneja buena parte de los negocios de la "Casa Blanca" del fútbol, y le dijiste que no. Aguilar viajó a Milán, y en una cena mano a mano, te ofreció mucho para que te pongas la de River. Después, Macri, Pompilio y Basile te abrieron las puertas del bicampeón argentino sin poner condiciones; y todo esto sin contar el novato interés del ahora millonario Independiente... Te repito la pregunta, ¿vos sos o te hacés?"

Respuesta contundente: No se hace, es hincha del club que tiene a su padre como ídolo referencial. Nació, creció y se hizo, gracias a su talento, exquisito mediocampista con la roja y blanca a listones verticales marcada en el alma.

FUERA DE LO COMUN

A simple vista, parado en el campo, se diferencia del rebaño por la estampa fina. Un día decidió raparse la cabeza y quedó como marca registrada. Usa las medias en la mitad de la tibia, ni apenas abajo de la rodilla, ni como bufanda de los tobillos, a media asta. Además de la normal, común y nada estridente esquina de 40 y 14, vivió en los más exclusivos barrios de Génova, Parma, Roma, Londres y Milán; sin embargo, jamás se mudó del mediocampo. Allí, donde muchos corren fuerte, él pareciera andar siempre al trotecito. Allí, donde reinan los nervios y el estrés, él luce calmo y cerebral. Allí, en el pantano que devora las sanas intenciones de los voluntariosos, su panorama de mentón en alto es el mástil indicado para elevar la bandera de un juego que genera asombro.

Juan Ramón, la "Bruja" padre, era gambeta impredecible; él no. Su poder de seducción encuentra los mayores condimentos de elegancia en una pegada sublime. Cuando él lo dispone, la pelota viaja, obediente, hacia el destino marcado. Juega donde es tan difícil jugar, en la selva del círculo central, donde la pelota quema, en el laberinto de piernas dispuestas a quebrar cualquier intento de desequilibrio estético.¡Ahí está!, ese es el rótulo que mejor lo define; Sebastián Verón es el paradigma del volante estético.

Para muchos, antes del Mundial 2002 era el indiscutido abanderado de la enorme ilusión criolla... Después de aquel estruendoso fracaso, la extensa fila del enojo popular lo señaló como uno de los principales responsables de semejante frustración nacional. A diferencia de lo que generalmente ocurre afuera, nunca pasó inadvertido adentro de una cancha.

Ahora, cuando las voces entendidas critican con severidad y no pocas sospechas su ausencia en la Selección de Pekerman, a él, mientras tanto, "casi se le sale la cadena" y estuvo a punto de desahogar en forma de trompada la bronca que guarda hacia Sorín. Esa calentura, éticamente incorrecta para el manual de conducta deportiva, lo humanizó. Actuó como lo haría cualquiera en el potrero y sembró la sensación de que su contrincante tenía "cola de paja".

Aquí está, señores. Este es Verón Jr. Tremendo jugador. Falible ser humano. Fanático amante de Estudiantes. ¿O acaso alguién lo pone en duda?

Diario El Día de La Plata

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